Nuestra Identidad como Adoratrices: Una Formación para Ser-Hacer y Estar

NUESTRA IDENTIDAD

santaConscientes de ser llamadas por Dios a la vida, a la fe y al seguimiento radical de Jesús en la vida consagrada, queremos responderle con fidelidad según el carisma recibido de Santa Mª Micaela, quien a su vez lo acogió y vivió como un don del Espíritu para sí y para la Congregación por ella fundada.

Esta dinámica de don recibido, respuesta dada y fidelidad en transmisión, construye y perfila nuestra identidad y exige una formación continua que la interiorice y renueve. Nuestra identidad de Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad:

ESTÁ DENTRO DE UN CARISMA

Que asume la experiencia de Micaela. Está enraizado en la Eucaristía, que cotidianamente vivimos y celebramos como Memorial Pascual, banquete que nos alimenta, comunión que nos exige unidad, presencia actuante en nosotras y en la historia, poder transformador que libera el bien encerrado en tantas formas del mal (Cf. C 4 y 17).

carismaDe esta vivencia eucarística germina y crece la misión adoratriz: Adorar a Jesús Eucaristía continuamente, en espíritu y verdad, pues así quiere el Padre a los adoradores (Cf. C 2 y 10). Liberar y promover a la mujer explotada por la prostitución o víctima de otras situaciones que la esclavizan, tratándolas con benevolencia y verdadera caridad (Cf. C 2).

El amor a Jesús Eucaristía y a esta misión, nos compromete a seguirle en pobreza, castidad y obediencia como Micaela, quien dócil a El, deja todo para expresar su pasión por El, amando sin reservas a la mujer en prostitución.

Este carisma lo recibimos como don y lo vivimos en actitud de alabanza y acción de gracias (Cf. C 2). Descubrimos su dinamismo en la historia y en la evolución interna que cada una de nosotras experimenta en su propia vida.

El carisma que el Espíritu comunicó a Micaela y regaló a la Iglesia, sigue reclamando nuestra capacidad, no sólo de conocerlo y profundizarlo, sino de interpretarlo y recrearlo sin perder de vista los orígenes, situarlo en nuestro tiempo y transmitirlo en fidelidad.

TIENE UNOS ORÍGENES

Para conocer bien un carisma es preciso ir a las fuentes, los orígenes que lo concibieron y lo vieron nacer.

Tres momentos en la vida de Micaela, dan origen a nuestra Congregación:

chica del chal

1.- La chica del chal (En el hospital de San Juan de Dios, Madrid 6.2.1844). Después del encuentro con ella, Micaela dice: “De esta historia y otras muchas que sería prolijo de contar, nació mi primera inspiración de poner una casa donde pudieran vivir una temporada, instruyéndolas en la religión ínterin hallábamos modo de colocarlas o volverlas a sus casas”

pentecostes2.- Pentecostés (París 23.05.1847): “En la parroquia, el día del Espíritu Santo, sentí un trastorno muy grande y una luz interior que obró en mí efectos muy marcados… Lo vi tan grande, tan poderoso, tan bueno, tan amante y misericordioso, que resolví no servir más que a un Señor, que todo lo reúne para llenar mi corazón

3.- “A ti quiero yo en mi obra” (Madrid 1850). Expresión que ella escucha del Señor con estas concretas palabras y que con la ayuda del P. Carasa, interpreta como la decisiva llamada a colaborarle en una obra que es de El, indudablemente, pero que necesita de ella y de las que con ella, a lo largo de los años, lo hemos escuchado (A p. 315). Como hijas que fundamentamos la propia historia en la historia de la que es nuestra Madre, nos gozamos y responsabilizamos de estos momentos carismáticos, que hoy siguen vigentes en la Congregación y en cada una de nosotras. Nos acercamos a estos orígenes y nos impregnamos de ellos, en el contacto asiduo con los documentos fundacionales, en el estudio de la personalidad y espiritualidad de Micaela y su obra.

TIENE UNA HISTORIA

Formamos parte de una historia que ha sido construida antes de nosotras y nos ha sido transmitida de generación en generación. El coraje de Micaela y de las mujeres que a ella se unieron para dar vida a la Congregación, sigue empujando a las adoratrices de hoy, conscientes como ella, de que estamos en su obra.

La aprobación de las Constituciones en 1866, nos coloca dentro de una Iglesia en la que innumerables hermanas se han gastado en una vida de adoración-liberación.
Las siete primeras casas abiertas, son un ejemplo de la capacidad emprendedora e ímpetu de las primeras hermanas, trabajadoras incansables en los surcos del Reino, lo mismo que lo han sido a partir de 1899 aquellas hermanas que, dejando tierra, cultura y costumbres, aceptaron el reto de la misionalidad y han llevado la obra de Madre Sacramento a los 17 países donde actualmente se encuentra.

adoratrices
La beatificación y canonización de Micaela, ha confirmado a la Iglesia y a las adoratrices todas, que su Fundadora es un modelo de santidad. El martirio de 27 adoratrices, ha revigorizado la fe y audacia dentro de la Congregación.

Los veintisiete Capítulos generales han ido trazando líneas de pensamiento y acción, rectificando cuando fue necesario, lo que se alejaba del carisma original.

A lo largo de 150 años de historia, hemos ido junto con el Señor, construyendo una positiva y no fácil historia de salvación, al ritmo del adorar y liberar continuamente.
Conocer nuestra historia, saber leerla, hacer memoria, es imprescindible en el proceso continuo de la formación, porque sólo si la conocemos y aprendemos del pasado, mejoraremos el futuro.

TIENE UN ESTILO

lavatorioLa Congregación, hija del siglo en que nace, aun reflejando algunos condicionamientos de su tiempo, está fuertemente caracterizada por la personalidad y vivencia carismática de Micaela, su fundadora. Ella nos transmite un estilo peculiar que podríamos llamar talante adoratriz.
Amor a la Eucaristía

Micaela vive la Eucaristía como Misterio Pascual que se celebra y encarna. El Cristo que adora es el mismo que descubre en el mundo, del que dice que es para ella un sagrario. Su pasión por la Eucaristía, marcó indeleblemente nuestra espiritualidad y nuestra forma de vida. Para nosotras, como para ella, “es nuestra vida y elemento el Santísimo Sacramento”.

Pedagogía del amor

Nos enseñó a educar en la libertad y con amor, sin castigos ni durezas. Nos enseñó a respetar a las jóvenes y creer en ellas, sin ninguna ambición que pague nuestro trabajo “Hijas de mi corazón, el día que el mundo las pague, en el mismo momento pierden el derecho de que Dios las envíe lo que necesiten, como lo hace siempre al que de verdad le sirve” (CS 7.3.
1861). Nos formó para que cada mujer se sienta importante y objeto de nuestros cuidados “Por una sola daría yo mi vida”.
Estilo de familia

Ante todo, nos quiere hermanas en el cariño y en la ayuda, en la confianza recíproca y en la corrección fraterna; cariño que a veces es perdón o preocupación, alabanza o reproche, ánimo o desahogo. Siempre amor de familia y relación de cercanía. En Micaela descubrimos un modo de ser madre que, no sólo genera sino que educa y ayuda a crecer.

Educadoras

La autoridad que acompaña la pedagogía del amor está hecha de ascendiente moral, de capacidad de comprender y entrar en relación.

Micaela quería a las adoratrices señoras, es decir, mujeres preparadas profesionalmente, con un ascendiente que naciera, no de su rol, sino de su coherencia de vida.

La comprensión y dulzura con sus chicas se hacía en ella fortaleza e intrepidez a la hora de arrancarlas del mal. Afronta con valentía los peligros de su acción apostólica. La misma valentía pedía a sus hijas, las primeras adoratrices. En carta a Mª de Jesús, en mayo de 1864 escribe: “Somos, no esclavas de la caridad sino mártires”. Ésta fue su vida y su muerte.
Micaela, a través de su vida, fue formando a nuestras primeras hermanas y transmitiéndoles su estilo con todos los medios a su alcance. Así lo vemos en numerosos escritos y cartas que ella nos dejó.

Hoy, la complejidad de nuestro tiempo, exige de nosotras la misma profesionalidad
y mística para realizar nuestra acción apostólica con competencia
y eficacia.

libro

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